Opinión

Renovarse o morir

Cecilia Ester Castañeda/
Escritora | Jueves 12 Octubre 2017 | 00:00:00 hrs

En cierto sentido los altercados de taxistas contra choferes de Uber registrados en los últimos días en Ciudad Juárez representan algunos de los más recientes ejemplos de la lucha de siempre entre los hábitos y el cambio. Nada nuevo, supongo, sobre todo cuando aceptar las nuevas condiciones implica renunciar a una cómoda fuente de ingresos —o dígame usted si las tarifas de los carros de sitio en la frontera no se han caracterizado por sus altos precios y por tener cautivos a los usuarios de un deficiente sistema de transporte.

Yo no he tenido conocimiento de que los caballos agarraran a coces a los automóviles cuando los vehículos recién inventados empezaron a desplazarlos al entrar en circulación. No me di cuenta, tampoco, si las navieras dueñas de trasatlánticos intentaron boicotear a los aviones. ¿Se imagina a los trenes de vapor transportando en la actualidad la mercancía? Quién sabe, si por Trump fuera tal vez —al menos en Estados Unidos— el carbón seguiría siendo la principal fuente de energía.

Sin embargo el mundo cambia. Y precisamente nos encontramos en medio de una redefinición mayor de los paradigmas socioeconómicos globales. Algunos aspirantes a la presidencia de México parecen aún no enterarse de que la URSS ya se desintegró, pero los avances tecnológicos de los últimos años están revolucionando en serio los modelos de trabajo.

Ya no se trata siquiera de la dicotomía capitalismo-comunismo. Estamos experimentando, más bien, un ajuste en la relación entre las necesidades productivas y el número de horas-hombre ocupadas. No hace falta explicar a los exempleados bancarios que ahora los cajeros automáticos o los servicios por internet están haciendo su trabajo. Probablemente Amazon no sea santo de la devoción del gran número de dependientes de tiendas despedidos. Y los robots están desplazando, parcial o totalmente, a muchos trabajadores manuales.

La automatización y la inteligencia artificial traen consigo la pérdida de empleos “a gran escala”,  pronostican algunos analistas, quienes avizoran una mayor desigualdad derivada de la tecnología concentrada en menos empresas de presencia globalizada y drásticos cambios en los sistemas de recaudación fiscal.

Eso significa que los antiguos modelos de empleo están desapareciendo. Por ello, se manifiestan inconformidades. Los obreros automotrices desplazados en Estados Unidos a raíz de la automatización, por ejemplo, caen en la trampa de culpar a la mano de obra mexicana.

En sociedades como la nuestra, mucha gente sigue actuando sin percatarse de lo obsoleto de esquemas que en otras épocas funcionaron. A los burócratas les cuesta entender —o conviene rechazar— la imposibilidad financiera de sostener el mismo nivel de prestaciones diseñadas en tiempos de un menor número de habitantes con expectativas de vida más cortas. Los sindicatos se rehúsan a aceptar el cambio en las reglas del juego que afectan “los logros de los trabajadores”. Algunos maestros, por su parte, rechazan la evaluación de sus alumnos para compararlos con los de otros países con quienes competirán por trabajo. A la mayoría de los empresarios les queda grande ese título, limitándose a ser comerciantes sin asumir su responsabilidad social. Y continúa habiendo padres que deciden no brindar educación a sus hijas.

Mientras tanto, los partidos políticos son el gran negocio rumbo a un gobierno visto por muchos como la oportunidad de robar a manos llenas aun en una época donde resulta más difícil que nunca ocultar malos manejos.

Nos conviene abrir los ojos. Entonces podremos empezar a actuar de acuerdo con las condiciones actuales y salir adelante en equipo.

Precisamente, analistas como Thomas L. Friedman consideran hoy en día la clave del crecimiento innovar aprovechando  los “flujos” —educativos, comerciales, informativos, culturales o financieros— compartidos mediante los canales globales disponibles gracias a la tecnología.

Entre ellos se encuentran las aplicaciones telefónicas para servicios de transporte.

Yo añadiría que en Ciudad Juárez, un lugar con tanto rezago en dicho rubro, sería suicida no incorporar plataformas como Uber… o no volver competitivos a los taxis. 

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