Opinión

Juárez: 358 años de hospitalidad

Arturo Mendoza Díaz/
Analista | Miércoles 06 Diciembre 2017 | 00:00:00 hrs

A punto de llegar a su cumpleaños 358, fecha digna de manteles largos a juzgar por el reportaje de Juan de Dios Olivas publicado en El Diario, cabe decir que Ciudad Juárez, además de laboriosa, es una comunidad hospitalaria.

Con tal vocación, su calor humano tuvo perfiles de grandeza: “Señores, no se lamenten. Están en Juárez, y aquí nadie muere de hambre. Tomen este dinero para que coman algo mientras hallan trabajo”, les dijo una mujer a dos hombres famélicos.

Esta gentil matrona, en la esquina de Vicente Guerrero y Noche Triste, encarnó esa vez el alma de la ciudad, ayudando a unos mojados que la Migra arrojó, y quienes pronto mataron su hambre en Los Agachados.

No es leyenda urbana como la de la farra que el diablo se corrió en el salón de baile El Carrousel, cuando fue reconocido por tener, en vez de pies, una pata de macho cabrío y otra de gallo.

Ciertamente, en lo antropológico, Juárez es caleidoscopio en cuyo origen hubo indígenas, españoles y mestizos que trashumaban, llegaron o iban de paso para, finalmente, establecer aquí su hogar.

Después el asunto se complicó, dicho sea con respeto, al arribar juarochos, chilangos, torreoneros y potosinos así como peruanos, chinos y panameños, aparte de otros gentilicios.

Mas en el collage hubo de todo, por lo que acaecieron cosas buenas, malas y peores. En noviembre de 2001 aparecieron ocho mujeres asesinadas en Paseo de la Victoria y Ejército Nacional. 

Entonces abundaban los feminicidios, y vendrían ejecuciones a granel. Actualmente, estas dos índoles de muertes aún suceden. Hace días mataron a Nahomí, niña de 12 años, y violaron a sus hermanitas.

Paradójicamente, hay sucesos bellos y hasta sublimes. Ladrones que devolvieron lo robado. Cuando vino el papa Francisco muchas personas dieron alimento a los visitantes.

Antes de eso, en Lomas de Poleo la gente pidió dinero por la calle para una misionera que requería una operación quirúrgica a fin de disolverle un coágulo causado por un derrame cerebral. El ejemplo cundió.

Una mujer dio 6 mil pesos sin decir su nombre. Sólo le pidió a la hija de la misionera acordarse de ella en sus rezos. Y es que la gente de Juárez, casi parroquialmente, siente como propios los problemas ajenos.

Así, cuando el joven Jesús Manuel Sotelo, de San Agustín, ejido vallejuarense, se perdió en el monte, y pasaron días sin encontrarlo, la urbe entera estuvo con el alma en un hilo.

Un vaquero del rancho Fuentes a la semana lo halló entre matorrales, agotado y lastimado por las breñas. “Valo”, otro vaquero, dijo: “Qué bueno que lo encontraron y que no ganó para la sierra. Ahí anda un león y hay mucho coyote en manada”.

Ese ocho de noviembre de 2013, El Diario puso un encabezado de tono casi familiar, como la nota en que el reportero Antonio Rebolledo narró el hecho: “Hallan a Chuy; ‘Dame agua, Mencho’, dice y se desmaya”.

Hasta podría pensarse que algo hay en este punto situado en 31 grados de latitud norte y 106 grados de longitud oeste, refugio en lo adverso, objeto tanto de fama como de anatemas, y faro de humana grandiosidad.

Ya en el ámbito de lo metafísico, tal vez sea una confluencia cósmica de fuerzas positivas y negativas o el lugar hacia donde al mismo tiempo miran, como en rivalidad, el Todopoderoso y Satanás.

En Paso del Norte vivieron Antonio de Otermíin y otros gobernantes de Nuevo México; estuvo Benito Juárez; platicaron Porfirio Díaz y William Taft; Madero, con Orozco, Villa y Garibaldi, tomó la ciudad; y Victoriano Huerta echó baladronadas.

Por sus calles pasaron Marilyn Monroe, Clark Gable, Al Capone, Fidel Castro y el Che Guevara. El Santo, sin mascara, tomó una cerveza fría en algún bar, Pedro Infante salió con chamarra y cachucha para no ser notado y Mijaíl Gorbachov dio una charla.

Tal es la vida en Juárez, entre penas y alegrías por lo que sea: la violencia, la fiesta de la Virgen de Guadalupe, la captura del asesino violador hecha por ciudadanos o lo caro que está el dólar.

Ojalá que los juarenses, sin importar quiénes vinieron antes o después, promediados hasta el infinito en una colectividad sin diferencias étnicas, canten Las Mañanitas en la Misión de Guadalupe.

Ahí estaré, sin duda, recordando al fundador, honrándolo con la promesa de luchar por un Juárez mejor, y saludando con respeto a esta ciudad amada, que es la mía, en su cumpleaños 358. 

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