Opinión

Pirotecnia política y electorera

Francisco Ortiz Bello/
Analista | Viernes 12 Enero 2018 | 00:00:00 hrs

Esta semana ha sido de esplendor y victorias para el gobernador Corral. Haciendo lo que mejor sabe hacer: el oportuno posicionamiento mediático incendiario y disruptor. Hábil en la retórica y maestro en el sofisma, Corral se encarama en la cúspide del posicionamiento informativo, aún en el plano internacional, haciendo una mezcolanza de causas que, por supuesto, le han rendido buenos frutos.

Reconocido como un temido “fajador”, en términos del debate y la diatriba políticos, Corral logró posicionar sus temas al inicio de semana con una rueda de prensa en la capital del país. Sí, en la capital del país.

Sabedor de la difusión que tendría su discurso y señalamientos en la Ciudad de México, elige esa sede para esquivar la pésima relación que tiene con los medios aquí en Chihuahua, y en donde sabía que no alcanzaría el nivel de cobertura mediática que alcanzó allá.

Habilidoso y muy experimentado en la “controversia” (el gobernador todo lo controvierte a partir de sus muy particulares visiones o puntos de vista), Corral reclama al gobierno federal la falta de pago de tres convenios firmados al finalizar el año pasado, por un monto que ronda los 780 millones de pesos, afirmando que el gobierno federal ejerce una represalia contra su administración estatal, por el tema de las investigaciones que realiza la Fiscalía General del Estado en su operativo “Justicia para Chihuahua”, mismo que ha colocado como instrumento de lucha contra la corrupción y la tranza en la entidad.

Aseguró Corral, en esa rueda de prensa, que el titular de la SHyCP, le condicionó la entrega de esos recursos a cambio de conocer el estatus de las investigaciones que se llevan a cabo en Chihuahua en contra de ex funcionarios de la administración duartista. Acusación que, por supuesto negó José Antonio González Anaya chamaqueado inocentemente por el experimentado político panista. Muy verde el alto funcionario del gabinete de Peña Nieto.

El propio presidente de la República responde sin responder a Corral. Al menos eso dijo en sus declaraciones a la prensa de la fuente presidencial la misma noche del lunes. “No acuso recibo de diferencia alguna”, dijo el presidente, pero respondió. No se da por aludido, pero responde como tal. Pésimo manejo de la crisis en el gabinete presidencial y en el PRI nacional.

La nota toma vuelo nacional e internacional y Corral aprovecha el “momentum” para fijar varios puntos más en la agenda mediática: la negativa del Gobierno federal a procesar rápidamente la solicitud de extradición de César Duarte Jaquez, el descubrimiento de las redes que operaban el desvío de recursos de los estados a campañas priistas, y revive los señalamientos de corrupción, peculado y otras diabluras del anterior gobierno encabezado por el parralense Duarte. ¡Touché! Jaque al Rey (Meade).

El gobierno federal mordió el anzuelo y cayó por completo en el garlito.

El tema no es, de fondo, el reclamo por los recursos no entregados. Si así fuera, Corral ya estaría sentado con el Secretario de Hacienda buscando los acuerdos y mecanismos para recuperar el dinero. No, el tema de fondo –o los temas– siempre fueron encontrar el escenario nacional para fijar cuestionamientos duros directo al corazón de la precampaña del abanderado priista a la presidencia de la República, José Antonio Meade. Quien, por cierto, inexplicablemente también se sube al pleito confirmado el matiz político-electoral de la disputa.

Reclamar un recurso económico para Chihuahua no es el punto criticable. ¡Claro que no! Bien por eso. El asunto está en hacerlo poniendo el tema como escudo que, en realidad, esconde otros fines e intereses. También se exige que César Duarte sea extraditado, juzgado y sentenciado por los delitos de los que se le acusa, claro que sí. Pero ¿Por qué ligar ambos temas en una misma exigencia y denuncia públicas?

Resulta muy difícil no ver la doble, o hasta triple, intención de la estrategia corralista. Necesitaba un tema que lo levantara del bajo nivel de aprobación social que traía antes de todo esto (menos del 50 por ciento de acuerdo con el Plan Estratégico de Juárez), para que sus acusaciones de corrupción, peculado y otros delitos graves contra los duartistas, tuvieran impacto en el mero corazón de la precampaña de Meade.

Qué bueno que se exige el cumplimiento de un convenio. Pero ¿Por qué ligarlo a otros temas político-electorales y de administración de justicia? Sólo es pregunta.


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