Opinión

El machismo, otro protagonista en la política

Sergio Pacheco González/
Analista | Martes 13 Febrero 2018 | 00:00:00 hrs


Recientes sucesos protagonizados por personas públicas han atraído la atención en los ámbitos internacional, nacional y local. Al considerar las formas y maneras de sus expresiones, así como el hecho de que se trata de varones en posiciones donde se toman decisiones que las más de las veces tienen influencia, positiva o negativa, en amplios grupos de población, es pertinente reflexionar sobre la relevancia del ejercicio de la masculinidad, en este sentido hegemónica, prevaleciente en el proceder de quienes han asumido tras su participación en la arena política, la acción gubernamental.

Tal es el caso, por ejemplo, de Donald Trump, el actual presidente de Estados Unidos de América, quien, en un tweet, al parecer su manera preferida de comunicar, expresó, refiriéndose al jefe de estado de Corea del Norte, Kim Jong-un lo siguiente: "¿Podría alguien dentro de su débil y hambriento régimen informarle que yo también tengo un Botón Nuclear, pero que el mío es mucho más grande y más poderoso, y que el mío sí funciona?”. (http://www.elfinanciero.com.mx/mundo/trump-habla-de-boton-nuclear-pero-en-realidad-no-lo-tiene.html).

El tono denigrante para referirse al gobierno norcoreano y la connotación sexual con acento jactancioso que ha empleado para acentuar la capacidad de ofender que posee (en lo personal, no el régimen que administra), dan muestra de la personalización del poder y por consecuencia, de lo alejada que se encuentra su concepción de ser representante popular, de la búsqueda del bien común. Al respecto, vale la pena recuperar lo expresado por Carlos Monsiváis, el 20 de febrero de 1993, en la entrevista que otorgó a Matthew Gutmann: “Ser macho es una actitud. Hay gestos, movimientos. Es la creencia de que la potencia genital tiene la llave del universo … Va desde la noción del peligro hasta la noción de presumir; esa es la diferencia entre macho y hombre.” (1996, 2007, p. 229). La expresión machista es evidente, lo que la incuba es aún más relevante.

Algo semejante, si bien no se conoce referencia sexual alguna, se presentó en el desencuentro que protagonizaron el alcalde y un conocido periodista y jefe de noticias de un canal local de televisión. En este caso, parece ilustrarse ese atributo propio de una masculinidad en la que prevalece una actitud de confrontación, antes que la práctica de esa competencia que es sustantiva de la acción política: el diálogo, situación discordante en tanto involucra a dos personas formadas en el ámbito de la comunicación. Como señala Stevens (citado por Gutmann, p. 223), el machismo se expresa como un culto a la virilidad: “las principales características de este culto son la agresividad e intransigencia exageradas en las relaciones interpersonales de hombre a hombre…” No hay manera de saber, con la información conocida, qué tan exacerbadas fueron, de una y otra parte, las expresiones vertidas en el desencuentro, lo que sí parece corroborarse, es que, en el proceso de formación de la masculinidad, sigue favoreciéndose la competencia y la confrontación, antes que la sensibilidad, el diálogo y la mesura.

Otra faceta de esta masculinidad la manifestó el presidente de uno de los principales partidos políticos. En su expresión, manifestó diáfanamente la intersección entre raza y género: “A los prietos de #Morena les vamos a demostrar que son prietos pero ya no aprietan”, según se lee en el tweet que ha sido reproducido en múltiples medios escritos, así como en las redes sociales. El autor del enunciado reconoce el dejo racista: “Mi comentario jamás fue referido a las personas que tienen mi mismo color de piel, del cual me siento orgulloso. Ofrezco una sincera disculpa.” No se percibe el énfasis machista que implica, pues como sugiere Aurora Loyo en un tweet alusivo a este hecho, al señalar que el autor de la expresión al intentar excusarse, como las “notas de prensa y comentaristas omiten referirse a lo de ‘no aprietan’. Raro no?” [sic] (@sociobservermex)

En este sentido, como escribiera Octavio Paz, en El laberinto de la soledad (1950): “Es imposible no advertir la semejanza que guarda el ‘macho’ con la del conquistador español. Ése es el modelo -más mítico que real- que rige las representaciones que el pueblo mexicano se ha hecho de los poderosos: caciques, señores feudales, hacendados, políticos, generales, capitanes de industria. Todos ellos son ‘machos’, ‘chingones’.”


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