El Paso

Entre elogios, cañonazos y humor despiden a Bush

Associated Press | Jueves 06 Diciembre 2018 | 00:00:00 hrs

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Washington— La nación le dio su último adiós a George H. W. Bush con grandes elogios, disparos de cañón y un gentil humor el miércoles, para celebrar la vida del texano por adopción que dedicó toda una trayectoria de servicio en Washington y fue el último presidente que luchó por Estados Unidos en tiempos de guerra. Tres expresidentes asistieron a la Catedral Nacional de Washington, mientras un cuarto –George W. Bush– elogiaba a su padre como “la más brillante estrella entre mil puntos de luz”.

Después de tres días de remembranzas en la capital del país, el avión Air Force One, con el féretro de Bush, partió para un último servicio funerario en Houston y el entierro el jueves en la parcela familiar en los terrenos de la biblioteca presidencial en la Universidad de Texas A&M en College Station. Este será su último lugar de descanso, al lado de Barbara Bush, su esposa de 73 años, y Robin Bush, la hija que murió de leucemia a la edad de tres.

Su avión, el cual por lo regular sirve como el Air Force One, arribó a Ellington Field a las afueras de Houston por la tarde. Luego que un convoy partiera con los restos de Bush rumbo a la iglesia de la familia, Episcopal de San Martín, a lo largo de una carretera interestatal que permaneció cerrada, cientos de personas en sus autos estacionados al otro lado del camino tomaron fotografías y filmaron videos con sus celulares. El conductor de un camión cisterna subió arriba del enorme vehículo para ver mejor, y por lo menos 15 bomberos escalaron a un par de bomberas para rendir sus saludos.

Una vez que arribó a la iglesia, el féretro de Bush fue recibido por una banda del ejército y el alcalde demócrata de Houston, Sylvester Turner.

El servicio funerario nacional en la catedral fue un tributo a un presidente, a un patriarca y a una olvidada era política que rendía honores al servicio militar y a la responsabilidad pública. El servicio estuvo plagado de comparaciones indirectas con el presidente Donald Trump, pero no fue consumido por éstas, ya que los oradores se enfocaron en la vida pública y el carácter de Bush —con mucho humor sobre su lado más bromista, también.

Trump se sentó con su esposa, un trío de ex presidentes y sus cónyuges, varios de los más agudos críticos de su Presidencia y Hillary Clinton, su rival de las elecciones del 2016. Aparte de las miradas de cortesía y algunos apretones de manos, hubo muy poca interacción entre Trump y los demás asistentes.

A George W. Bush se le quebró brevemente la voz al final de su elegía al invocar a la hija que sus padres perdieron en 1953 y a su madre, quien murió en abril de este año. Bush dijo haber encontrado paz en saber que “papá seguro está abrazando a Robin y sosteniendo nuevamente la mano de mamá”.

La familia ocupó la Casa Blanca por una docena de años —el presidente número 41 fue vencido después de un término de mandato, luego el número 43 sirvió por dos periodos. Jeb Bush intentó extender dicho mandato pero quedó fuera de las elecciones primarias del 2016 cuando Trump ganó la candidatura.

Bush padre fue “el último gran mandatario militar”, según dijo el historiador Jon Meacham en su elegía, “fue nuestro escudo” en los tiempos más peligrosos.

Pero luego tomó un tono más ligero, señalando que Bush, mientras hacía campaña ante una multitud en una tienda departamental, estrechó una vez la mano de un maniquí. En lugar de sonrojarse simplemente bromeó, “uno nunca sabe. Hay qué preguntar”.

Meacham recordó cómo el comediante Dana Carvey una vez dijo que la clave para hacer una imitación de Bush era hacer que “Mr. Rogers intentara imitar a John Wayne”.

Nada de eso resultaría ser una sorpresa para Bush. Meacham ya le había leído su elegía al ex mandatario con anterioridad, según dijo el portavoz de Bush, Jim McGrath, y Bush respondió a ello con una carcajada: “Eso es mucho sobre mí, Jon”.

La congregación en la catedral, abarrotada de líderes extranjeros y diplomáticos, estadounidenses de los más altos cargos y muchos otros que conocieron a Bush en vida, se pusieron de pie cuando arribó el féretro, acompañado por miembros del clero de diferentes religiones de alrededor del mundo. En la fila donde se ubicaban juntos, Trump y los ex presidentes Barack Obama, Jimmy Carter y Bill Clinton, todos se pusieron de pie junto con sus esposas y colocaron sus manos sobre sus corazones.

Alan Simpson, ex senador republicano de Wyoming, entretuvo a la congregación con historias de sus años como amigo de Bush en Washington. Con mayor seriedad, recordó cuando pasó por un mal momento en la contienda política, Bush, de manera notable le rindió todo su apoyo, incluso en contra de los consejos de sus auxiliares. “Cualquiera hubiera querido tenerlo a él de su lado”, dijo.

Simpson dijo que a Bush “le encantaban los buenos chistes –entre más chistosos era mejor. E inclinaba su cabeza hacia atrás y soltaba esa enorme risa, pero nunca podía acordarse de cómo terminar con gracia esos chistes. Y en verdad, nunca podía hacerlo”.

George W. Bush volvió a recurrir al humor a expensas del áspero ex senador, diciendo que el finado presidente: “Siempre daba un gran valor a un buen chiste, es por eso que escogió a Simpson para que hablara”.

Meacham elogió el llamado de Bush al voluntarismo, colocando su frase de los “mil puntos de luz” al lado del llamado al honor de Abraham Lincoln “los mejores ángeles de nuestra naturaleza” en el canon retórico estadounidense. Meacham se refirió a semejantes frases como “versos de acompañamiento al himno nacional de Estados Unidos”.

Trump se burló de los “mil puntos de luz” el verano pasado en un mitin, al decir “¿qué diablos quiere decir eso?, ¿acaso alguien lo ha deducido? Y fue dicho por un republicano, ¿no fue así?”.

El ex primer ministro canadiense, Brian Mulroney, elogió a Bush como un fuerte líder mundial que ayudó a supervisar el final de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética, y ayudó a entablar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México, el cual fue firmado y convertido en ley por su sucesor, Clinton.

Con Trump, un duro crítico del NAFTA, sentado en la primera fila, Mulroney hizo alarde de “la más grande y rica área de libre comercio en la historia del mundo”. Los tres países ya aceptaron un acuerdo comercial que fue revisado y propuesto por Trump. (Calvin Woodward, Laurie Kellman y Ashraf Khalil / Associated Press)

 

 



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