Opinión

¿Abrevadero de intenciones o acciones?

Carlos Irigoyen
Analista | Viernes 10 Agosto 2018 | 00:00:00 hrs


¡Casa llena!, así lució el teatro Gracia Pasquel para recibir el evento que marcará el antes y después para la estrategia de seguridad nacional, los foros por la pacificación y reconciliación.

Alfonso Durazo, el propuesto secretario de Seguridad Pública, abrió la reunión; en ocasiones perdió el control ante un auditorio con los ánimos caldeados y llamó “compañeros” a varios de los que serán futuros secretarios de Estado, argot con aroma socialista. Quizá lo mejor fue dejar a los familiares de las víctimas estar al pie del presídium, cualquier suposición y opinión no podrá estar por encima de quienes han vivido en carne propia el látigo y consecuencias de la violencia.

El objetivo del foro es claro; crear la ruta de la pacificación de la nación y elaborar un plan de reconciliación. AMLO conminó a todas las partes involucradas a dejar de lado partidismos y fanatismos políticos, ofreció “atender, escuchar y respetar a todos”; la duda asalta, ¿cómo le harán para compaginar sus estrategias los tres niveles de gobierno? Son diversas corrientes de opinión, un reto nunca antes visto en nuestro entorno político, izquierdas, derechas, tradicionalistas ¿podrán nuestros ojos ciudadanos ver esa amalgama de corrientes políticas y más allá de eso, una alineación de intereses a favor de los ciudadanos y el país donde vivimos? También comentó, “la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”. Totalmente de acuerdo, pero después de ver algunos nombramientos para dirigir algunas áreas del Gobierno, ¿de qué tipo de justicia habla? La tranquilidad debe venir de tener un modelo de desarrollo social que descanse en un bienestar económico.

La tasa de desempleo fluctúa entre el 4.6 y 6.4 por ciento, la cantidad de empleo en la ciudad es reflejo de la vocación manufacturera; sólo el 6.5 por ciento de los negocios establecidos en nuestra ciudad son manufactureros, pero le dan trabajo a casi 265 mil personas siendo de este número un 91 por ciento de operativos y 9 por ciento administrativos; la duda acomete, ¿el modelo productivo de nuestra ciudad le permite a sus ciudadanos tener un ingreso que les permita tener la posibilidad de aspirar a tener una mejor calidad de vida?

La línea de bienestar de Ciudad Juárez ronda los 3 mil pesos mensuales por persona. La intranquilidad económica en combinación con un ambiente donde la integridad de la familia, la ética y los valores están dañados hacen un caldo de cultivo para toda clase de enfermedades sociales como la indolencia, la corrupción, el robo, el asesinato, el sicariato, el narcotráfico; certera la reflexión de la próxima secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero: “muchos de nuestros jóvenes parecerían no tener opción real entre dedicarse a una actividad lícita, pertenecer a un grupo criminal o morir por negarse. Esto no justifica el grado de violencia, pero sí lo explica en parte”. Mientras eso no se arregle no podemos aspirar como sociedad a evolucionar y tener un marco de lo que realmente debe ser la justicia. Según el índice de ciudades prosperas el grado de marginación para nuestra ciudad es bajo; pero el 41.98 por ciento de la población recibe menos de dos salarios mínimos. Las cifras no mienten, el desarrollo económico no se ve reflejado en el desarrollo social. Mientras hay un grado de supervivencia muy alto en nuestra ciudad, la calidad de vida sigue siendo una asignatura pendiente de aprobación.

Dos faltas de profunda sensibilidad, la primera cuando acusa a nuestra sociedad de no atreverse a ir en pos de las soluciones; Juárez ha sido modelo de cómo una ciudad ha buscado rehacer el entorno y el tejido social sin dejar de jalar la carreta económica, la falla estructural ha sido la falta de seguimiento a los procesos con el consiguiente abandono social y de infraestructura, no en vano fuimos declarados por la Fundación Rockefeller como una de las 100 ciudades resilientes del mundo y somos la urbe en nuestro país con el mayor número de asociaciones civiles, participación entonces sí hay.

El “respeto mucho a los que dicen ni perdón ni olvido. Digo: olvido no, perdón, sí”, ante el dolor de los familiares de las víctimas la frase no tiene sentido, y para el esfuerzo por pacificar nuestro país es un buen cliché y el estado ideal en la perspectiva de reconciliación. Evidencia del hartazgo social, los reclamos airados y contundentes a las autoridades estatales y locales en el tema de la recalcitrante inseguridad, tanto por familiares de víctimas como por los ciudadanos apostados en las afueras del recinto.

Por delante hay 20 foros y 18 consultas para que el 1 de diciembre sea presentada la propuesta de la ley de pacificación.

La participación de la sociedad juarense -nutrida y valiosa- en las mesas de trabajo es una tajante demostración de la valentía y necesidad por lograr tener paz y tranquilidad; que los foros sean la guía de un torrente de acciones y no se queden como un abrevadero de intenciones, obras son amores y no buenas razones.



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