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Tiempo de brillar

Associated Press | Martes 04 Septiembre 2018 | 00:01 hrs

Los Vaqueros enfrentan una serie de problemas en su intento por recuperar el título del Este de la Conferencia Nacional y volver a los playoffs. Dez Bryant no es uno de ellos, Jason Witten, sí.

La ausencia del estelar ala cerrada, quien anunció su retiro en mayo después de 15 temporadas en las que acaparó muchos rubros del libro de récords de Dallas, deja un enorme vacío dentro y fuera del terreno.

Witten no sólo fue el líder indiscutible en un vestuario repleto de jóvenes, sino que dentro del campo siempre fue puerto seguro para quien quiera que fuera su mariscal. Ahora, en el primer año de la era post Witten, los Vaqueros aún se debaten sobre qué será más difícil de reemplazar: su liderato o sus manos.

Para el joven mariscal Dak Prescott, Novato Ofensivo del Año en 2016, asumir el liderato que dejó vacante Witten es sólo la mitad de la ecuación para guiar a los Vaqueros a recuperar el protagonismo que, súbitamente, les arrebató Filadelfia la temporada anterior con su camino al título.

Ahora que Witten está en un estudio de televisión como analista y el polémico y visceral Bryant fue dado de baja luego de ocho campañas y un declive en su productividad, Prescott, de 25 años, debe tomar las riendas de un grupo huérfano de una figura de respeto de quien el estelar Ezekiel Elliott y el resto de los jóvenes Vaqueros puedan depender.

“Creo que Dak es uno de los tipos con el liderazgo más natural con quien haya convivido en mi vida”, dijo el mes pasado el centro Travis Frederick, quien está en duda por tiempo indefinido después de que se le diagnosticara síndrome Guillain-Barré, un padecimiento en el sistema inmunológico.

Ahora que Prescott parece estar capacitado para tomar las riendas en el vestuario, viene la parte difícil, hacerle frente a los campeones Águilas y al resto de la División Este con una renovada, que no siempre significa mejor, ofensiva.

Con la salida de Bryant y Witten, Prescott tiene la tarea de integrar a la ofensiva a un nuevo cuerpo de receptores que encabeza el agente libre Allen Hurns, quien de mantenerse saludable (ha jugado apenas 21 partidos en las últimas dos campañas) se perfila como un reemplazo más que capaz, y de perfil más bajo, a las 838 yardas y 6 touchdowns que produjo Bryant en 2017.

Dallas también tomó en la tercera ronda del Draft a Michael Gallup y adquirió en un canje con los Carneros a Tavon Austin para unirse a los veteranos Cole Beasley y Terrance Williams en su intento por renovar a la 26ta ofensiva aérea de la campaña anterior.

Pero quizá la mejor ayuda que pueda recibir Prescott no es de ninguno de sus receptores, sino de Elliott, quien en 2016 encabezó la NFL con 1,631 yardas pero el año pasado se ausentó seis juegos por una suspensión por un caso de violencia doméstica. Establecer nuevamente el dominante ataque terrestre le quitaría gran peso de los hombros a Prescott para brillar dentro del terreno y apuntalar su liderazgo fuera de él.

Si eso es suficiente para poner de nuevo a los Vaqueros en playoffs es una pregunta que se responderá a lo largo de 17 semanas.

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