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Extingue cambio climático a cedros del Líbano

The New York Times | Jueves 23 Agosto 2018 | 15:58 hrs

Caminar entre los cedros en la ladera de una montaña en Líbano se siente como visitar el territorio de seres primigenios.

Algunos de los árboles más antiguos tienen más de mil años de estar aquí, extendiendo sus ramas singularmente horizontales como brazos abiertos y echando raíces muy profundas en la piedra caliza. Florecen en un ecosistema fresco y húmedo inusual en Medio Oriente, con picos de montañas que atrapan las nubes que llegan flotando desde el Mar Mediterráneo y resplandecen con nieve invernal.

Sin embargo, ahora, tras siglos de depredación humana, los cedros del Líbano enfrentan su amenaza más peligrosa: el cambio climático podría extinguir la mayoría de los bosques de cedros que quedan en el país para finales del siglo.

A medida que aumentan las temperaturas, la zona ecológica de confort de los cedros avanza por las montañas a mayores altitudes, persiguiendo los inviernos fríos que necesitan para reproducirse. Pero aquí en el bosque de Barouk, parte de la Reserva de la Biósfera de Shouf, en el sur de Líbano, no hay mucho más arriba a donde ir. Algunos dicen que para el 2100, los cedros florecerán sólo en la punta norte del país, donde las montañas son más altas.

Pero en el norte hay un problema diferente. El bosque más denso de cedros del Líbano, la Reserva Natural del Bosque de Cedros Tannourine, ha perdido más del 7 por ciento de sus árboles a causa de plagas de insectos desconocidas antes de 1997. Están directamente ligadas a un clima más cálido y seco.

A través de la historia, los cedros del Líbano han sido apreciados para construcciones y botes, talados para templos en el antiguo Egipto y Jerusalén.

Miles de kilómetros cuadrados de bosque alguna vez se extendieron a través de la mayoría de las zonas montañosas de Líbano. Sólo quedan 17 kilómetros cuadrados de cedros, en bosquecillos dispersos.

El terreno de cedros más famoso del País, a veces llamado los Cedros de Dios, ha estado cercado desde 1876. Algunos creen que ese terreno fue donde Jesús resucitado se manifestó a sus seguidores, dijo Antoine Jibrael Tawk, autor de libros sobre los cedros.

El cedro del Líbano, una especie distintiva conocida con el nombre científico de Cedrus libani, crece principalmente aquí y en Turquía. Los árboles germinan a finales del invierno porque necesitan una helada, de preferencia con nieve.

Hace una generación, típicamente llovía o nevaba 105 días al año en las montañas. La nieve permanecía en el suelo hasta cuatro meses. El invierno pasado hubo sólo 40 días de lluvia y un mes de capa de nieve.

"El cambio climático es un hecho aquí", dijo Nizar Hani, director de la Biósfera de Shouf. "Hay menos lluvia, temperaturas más altas y temperaturas más extremas".

En la Reserva Tannourine, al norte de Beirut, las escasas nevadas de este año hacen que los administradores de bosques se preparen para una temporada difícil con el Cephalcia tannourinensis, un insecto comúnmente conocido como la mosca de sierra tejedora de telaraña que se alimenta de las agujas jóvenes de los árboles. El entomólogo libanés Nabil Nemer descubrió a la mosca de sierra, que se entierra en el suelo en el invierno.

Nunca había sido notada antes de 1998 porque su ciclo de vida no interfería inicialmente con los cedros. Pero con el deshielo más temprano, los insectos emergieron antes, poniendo sus huevos a tiempo para que las larvas se coman los nuevos brotes de cedro.

A través de cinco milenios de historia registrada, un desfile de civilizaciones ha elogiado a los cedros del Líbano -y luego los ha talado. Líbano ha sido deforestado por mesopotámicos, fenicios y egipcios de la antigüedad; por los imperios griego y romano; por cruzados, colonizadores y disturbios modernos de Medio Oriente. Sin embargo, los árboles son tan simbólicos del País que un cedro se ubica al centro de la bandera libanesa.

Para salvar a los cedros, los grupos de conservación tratan de diversificar sus ubicaciones y expandir sus poblaciones.

En Arz, la reserva de Cedros de Dios tiene sólo 2 mil 100 árboles. Youssef Tawk, médico y conservacionista, y otras personas intentan regenerar un bosque más grande. Es un reto porque la reserva en sí está aislada. Las áreas ideales para plantar son privadas, o están destinadas para otros usos por parte del Gobierno.

Pero desde 1998, el grupo de Tawk ha plantado 100 mil árboles en un terreno alrededor de la vieja reserva.

Los cedros crecen lentamente y no presentan conos hasta que tienen 40 o 50 años.

Hani sonó la alarma respecto al icónico y venerado árbol. "Estamos en una carrera. No hay tiempo qué perder", señaló.

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